lunes, 3 de enero de 2011

Maltrato en la pareja y doble vínculo

¿Por qué aguanta la victima? ¿Por qué no es consciente de la constante agresión que está sufriendo? ¿Por qué queda atrapada tanto tiempo en el maltrato, cuando lo razonable es pensar que una persona sana rechazaría inmediatamente ser maltratada por alguien que dice quererle?

Creo que esta es una de las preguntas que todos nos hacemos ante las noticias del maltrato. Incluso cuando hemos estado sometido a este, después de éste, la primera pregunta al tomar consciencia del maltrato es esta: ¿por qué aguanté esto? ¿por qué no me di cuenta inmediatamente? La respuesta no llega, o las que llegan siempre se refieren al maltratador o maltratadora: Creí que cambiaría, creí que necesitaba mi ayuda para superar su estado, me decía que…., me suplicaba…, me presionaba con…, en fin, miles de justificaciones para poder entender lo imposible, para poder aceptar lo inaceptable.

Y es que el que ha pasado por una experiencia de mayor o menor grado de maltrato psicológico sabe de su constante confusión. De su necesidad  cada vez más obsesiva de comprender por qué ocurre lo que ocurre (qué disparate, como si el comprender esto ayudara a la victima a algo),  de justificar el baile de la yenca (adelante, adelante, atrás, atrás) al que se está sometiendo, como dice un buen amigo, o la caña de pescar (suelto y recojo) que dice otro.

El/la que lo ha experimentado como victima recuerda su necesidad de intentar solucionar un problema que, en principio creía que estaba en el otr@, descubriéndo finalmente y con dolor que el único que tenía un problema era el/ella al aceptar permanecer junto al maltratador psicológico, problema que irá acrecentándose cuanto más se involucre en “ayudar al otr@” a controlar su ira, pena, frustración o cualquier otra cosa que le cuente para justificar su actitud patológica.

Porque eso sí, la victima siempre cree que puede ayudar a su “amor” a dejar de sufrir tanto, porque cree que es “ese sufrimiento” el responsable del maltrato, no la persona.

Las excusa que pone la victimaria maltratadora para justificar sus salidas de tono, actuaciones sorprendentes, violentas, crueles, absurdas o nada empáticas son muy variadas y tan rocambolescas como crean serán ser aceptadas por la victima.

En esto la victima es la primera en ofrecer la pista que permitirá justificarse y provocar el doble vínculo en la relación. Por ejemplo, imaginemos una pareja, ella está en casa leyendo. El llega a casa, ella interrumpe su lectura y le saluda, él apenas contesta y tiene un no verbal tenso y distante. Aquí empieza el juego:

-Cariño, qué te pasa. Dice ella.


Él no contesta.


Ella imagina que él necesita estar en silencio y opta por esperar a que el necesite hablar.


Él es posible que después de un tiempo empieze a hablar de algún problema (siempre de algo ajeno a él que le molesta: su madre, su empresa, su trabajo, su compañero, el gobierno, la vecina del cuarto, el banco, etc.).


Ella puede empezar buscar soluciones a ese conflicto, por ejemplo, o simplemente decir: ¿Qué crees que podrías hacer para evitar sentirte así la próxima vez?
El puede empezar a gritarle a ella, o a iniciar con ella un ataque frontal:


-Eres como ella/el. Dejarme en paz. Eres imbécil, etc.


Ante los insultos, quizá ella opte por hacer “extinción de conducta” y hacer como que no ha oído ni pasado nada. Decide callar y seguir con lo que estaba haciendo, hasta que se le pase la ira.


Él henchido por la ira, le quita el libro y la obliga a seguir escuchando sus improperios y su “dolor”.

Si ella se mantiene en su postura de no querer seguir hablando mientras el se muestre violento y mantiene una posición asertiva, por ejemplo:
Veo que estás muy enfadado, me siento mal cuando gritas y me insultas, no voy a seguir hablando en estos momentos, cuando estemos más tranquilos lo hablamos.
Esto para el maltratador/a es un límite imperdonable, lo ha de romper como sea, jamás lo respetará. Y no podrá permitir que seas tú la que decidas cuando se habla o no se habla (lucha de poder).

Cambiará el rol y seguramente romperá a llorar (poder por abajo). Se desmoronará (interpretará el desmoronamiento) y apelará con todas sus fuerzas a su amor por ti, a su necesidad de ti, a que es una victima del momento, situación, deudas, etc, etc. y que SOLO TÚ, le puedes ayudar. Ahí ya tenemos el lazo echado. Si la primera vez que ocurre esto le decimos que sí, que le vamos a ayudar, hemos caído como moscas en su trampa de miel.

Desde luego la siguiente, volverá a llegar, intentará otras tácticas, justificaciones y excusas y cuanto más firme seas con él, más explicaciones le pidas y más dispuesta/o estés a cambiar “junto a él/ella” esta situación (intolerable para ti y de la que él se hace victima principal), más poder sentirá sobre ti y mucho más desprecio.

Efectivamente el Análisis Transaccional diría que nos hemos metido de lleno en un juego de  Perseguidor, Salvador y de Victima. Con la paradoja de que el/la “victimario/a” “se atribuye” el papel de la victima de su propio maltrato “al otro”.

El proceso sería, el/ella empieza como PERSEGUIDOR , la pareja de siente VICTIMA (es victima real, lo es de los insultos, gritos o golpes del otro, ), pretende cortar esa situación (protegerse), para lo cual PERSIGUE (lo ignora, le pide que cambie de tono o le reprocha su conducta, etc.), el agresor entonces pasa a VICTIMA y hace a la pareja (la verdadera victima) responsable de su SALVACIÓN. Ella/el lo acepta el papel de SALVADOR y sigue y suma el juego.

O dicho en prosa de toda la vida, cómo la victima real necesita comprender qué ocurre, porque debemos de considerar que el/ella dan por supuesto que el otro los ama y que “deben desear” que esto no ocurra,  le pregunta directamente:

-Cariño, no puedo soportar más esto. ¿Cuéntame lo que te pasa, tenemos que acabar con esta situación? o si es más asertiva le dirá: No lo voy a tolerar más, quiero terminar esta relación.

Entonces de nuevo el recurrirá a todos sus encantos de victima inocente, que necesita ser comprendido y apoyado y que sobre todo nos quiere y nos reprocha que nos comportemos de esa manera tan dura con ellos y nos suplica compasión.

A partir de ahí, ya todos, podemos imaginar como termina la cosa, habrán sus grados, pero estos estarán en una horquilla desde absurda, angustiosa y dolorosa hasta criminal.

Vamos a asociar este proceso con el Doble Vínculo de Bateson.
Este término "doble vínculo", fue desarrollado por primera vez por Gregory Bateson y colaboradores en el año 1956, como una hipótesis explicativa del fenómeno interaccional que se observa en la comunicación esquizofrénica.

Expone en su trabajo un análisis de los problemas de las relaciones adecuadas a contradicciones en la información que se dan en la comunicación entre madre e hijo como también analiza el flujo de la información, la interacción y la retroalimentación comunicativa en dicha relación. 

Así aprendemos, gracias a la información que recibimos. Desde que nacemos, los seres humanos intercambiamos información con el mundo que nos rodea y 'organizamos', por decirlo de algún modo, nuestras percepciones, nuestro mapa, de acuerdo a la información que recibimos. Al relacionarnos, no sólo intercambiamos información acerca de cómo vemos el mundo y de cómo nos vemos a nosotros mismos, sino, también, solicitamos información acerca de cómo nos ve el otro.

Esto es de vital importancia para cada uno, para construir su autopercepción y percatación, además de marcar las pautas, patrones, modos o formas de conducirnos con cada quien.

Gregory Bateson plantea que estas pautas se aprenden y que nuestro aprendizaje se va organizando en grados de mayor complejidad.

Cuando en un intercambio de información se produce una comunicación defectuosa que deja sumido al receptor en un estado de incertidumbre o falsa comprensión respecto a qué clase de mensaje es ese mensaje, se ha producido una confusión. Existe peligro de confusión dondequiera sea preciso traducir el sentido y la significación de una cosa de un lenguaje a otro. Los seres humanos estamos especialmente propensos a incurrir en estos 'errores' dado que para comunicarnos empleamos no sólo palabras, sino también movimientos corporales.

Y volvemos a nuestra pareja, la victima del maltrato psicológico entra en confusión. Me dice que me quiere, se comporta como si no me quisiera. Si acepto lo que me dice pero no lo siento, pierdo. Si no lo acepto y le expreso lo que siento en cuanto a lo que hace, y rechazo lo que me dice, me tachará de no quererle, de no apoyarle, de desconfiada, de cruel, de no querer salvar la relación tan magnífica que podríamos tener, etc. etc. etc.

Es decir, como en el doble vínculo siempre perdemos.

Claro, es que el maltratad@r conoce o intuye perfectamente cómo manipular y cómo funciona el ser humano. Por lo general, solemos salvar una confusión pidiendo a nuestro interlocutor que aclare lo que nos ha dicho o nos ha mostrado, es decir, hablamos de nuestra relación con el otro, de lo que nos confunde; en una palabra: metacomunicamos y, si es intolerable la situación, solemos abandonar el campo.

Pero, cuando la confusión tiende a 'bloquear'  la acción (¿qué puedo hacer? Si es mi pareja no puedo salir corriendo al primer conflicto, me han educado para que luche por una relación estable), el pensamiento (¿Qué pienso yo y que piensa el/ella, no coincide?)  y el sentimiento (¿Qué siento y que me está exigiendo el otro/a que sienta? ) Y cómo resulta imposible pedir aclaración sobre la confusión o abandonar la interacción, estamos frente a un "doble vínculo".

El/la maltratad@r nunca nos dejará abandonar la interacción, hasta que el/ella lo decidan. Es otra forma de control. Ellos/ellas lo podrán hacer con toda tranquilidad en cualquier momento.

Bateson dice que para que se pueda dar doble vínculo es necesario:

a) una relación muy significativa entre dos o más personas (en este caso pareja);
b) una experiencia repetida de doble mensaje o "doble vínculo”;
c) un mandato primario negativo del tipo "no hagas eso o te castigaré" o "si no haces eso te castigaré”; en el caso que analizamos, “te insulto porque me molestas y quiero que te alejes (te castigaré)”

Un mandato secundario que está en conflicto con el primero en un nivel más abstracto y, que al igual que el primero, está reforzado por castigos o señales que anuncian un peligro para la supervivencia. Por lo general, se trata de mensajes no-verbales que contradicen la prohibición primaria, tales como, por ejemplo, un gesto que muestra "no consideres esto un castigo", o "no me veas como alguien que te castiga". O, verbalmente es contradicho el primer mandato diciendo, por ejemplo, “si te alejas eres cruel y despiadada me traicionas y abandonas (te castigaré)”

e) un mandato negativo terciario que prohibe a la "víctima real" escapar del campo
f) luego, la persona aprende a percibir su universo bajo patrones de doble vínculo y ya no es necesario que se den secuencialmente todos los pasos, sino que casi cualquier parte de la secuencia de doble vínculo puede resultar suficiente para precipitar el miedo o la furia.

“No me has besado esta mañana y necesito que me expreses tu amor al despertar” dice un día el matratador después pasar todo el día sin hablar e ignorando a la pareja e incluso evitándola. Cuando esta le pregunta finalmente que le pasa, este contesta con el mensaje secundario. En realidad la paradoja es: yo estoy castigándote porque necesito que tu sientas la necesidad de darme un beso por las mañanas para que yo esté contento.

De esa manera cierra el doble vínculo. Si la pareja pretende cumplir el mandato de besarle por la mañana, al ser un mandato, lo hará con un sentimiento de obligación y no de deseo que le hará sentir repugnancia y malestar. Si no lo cumple sabe que volverá a ser castigada de nuevo por la misma razón.

Otra vez volvemos a estar atrapados en la trampa psicológica destructiva.

Castañeda (2002) señala que el doble vínculo tiene consecuencias graves en cualquier relación pues la persona atrapada nunca entiende qué es lo que realmente la otra persona exige de ella y esto la lleva a dudar de sí misma. Así, el doble vínculo es una forma de descalificación permanente pues el mensaje implícito es: “hagas lo que hagas, siempre estarás equivocada”.

Como puede notarse, el doble vínculo lleva a la imposibilidad de solucionar los problemas puesto que éstos nunca quedan planteados claramente. Por lo general, la persona atrapada tiende a buscar indicios, inherentes a la situación, que la lleven a la solución. No obstante, sólo se desespera porque no los va a encontrar, haciendo su búsqueda interminable.

La única manera de poder salir de ahí es buscando ayuda. Alguien que ponga en aviso a saque del bloqueo al atrapado y  ponga en evidencia las peticiones contradictorias señalando lo imposibles que son y que invite a abandonar el campo cuando estas se produzcan.

Seguiré analizando el doble vínculo en la pareja, con otros dobles vínculos más sutiles o burdos. Si con ello alguien puede identificarse como victimario o como victima y le anima a reaprender a comunicar y/o relacionarse de forma sana, me sentiré enormemente recompensada.

¿Podríais aportar vuestra experiencia?

Agradeceré aportaciones de los lectores en este sentido. Construir un mundo mejor es tarea de todos.

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