sábado, 18 de diciembre de 2010

Mi amigo o el hombre maltratado y la alienación parental

Los que me conocen saben que soy una firme defensora del NO al maltrato de género. Es verdad que por mi condición de mujer he visto más de cerca el maltrato de mi género. Desde pequeña he visto anormal, no lógico y opresivo el rol que se le designaba a la mujer, un ser destinado a cumplir las expectativas sociales, familiares y del cabeza de familia. Desde luego esto la podía mantener, alimentada y protegida de su propio albedrío y sin desarrollar sus capacidades de persona libre(como a los esclavos) o arrojada fuera del sistema familiar (si era repudiada por no someterse) como los parias, señalada por unas y por otros.

Mujeres abandonadas a su suerte, con sus hijos encima y sin oficio ni beneficio que vivían rebañando los trabajos más precarios y haciendo jornadas interminables de cuidado a la familia (padres, hermanos, hijos, abuelos y todos aquellos que necesitaban ser cuidados).

Mujeres encerradas en sus casas que tenían que dar explicaciones al marido de dónde iban, con quién, para qué y cuando. Sin contrapartida, imposibilitadas de pedir la misma información al contrario, salvo que quisieran oir "a tí que te importa".

Mujeres apaleadas, que les pegaban "lo normal", ajadas por el dolor y la rabia reprimida, entregadas a la manipulación oculta para no sentirse invisibles, denostadas y muertas.

Mujeres que después de las agresiones psicológicas o físicas del marido como desahogo psíquico corrían a contárselo a las vecinas, amigas, madres o allegadas, cual juego de "el mio es peor" o "yo tengo que aguantar más", para acabar estoicamente con la frase de "cada uno tiene su cruz".


Pues si, todo eso es cierto, lo he visto, lo he oído, lo he sentido. Me ha asqueado.

Después la vida me ha permitido también descubrir el otro lado, a las otras victimas de la violencia de género, doméstica, de los roles rígidos e inhumanos.

Mi amigo, le llamaré Alberto, tiene la cincuentena. Lo conocí en mi época de estudiante, de vista, quizás coincidimos en alguna fiesta estudiantil. Lo volví a encontrar al cabo de 25 años, de casualidad.

Alberto se había casado dos veces, la primera duró poco y no hubieron hijos, como no había nada que repartir la separación fue más o menos fácil.

Su segundo matrimonio fue más productivo. Tuvo tres hijos, tres casas y sus ingresos le permitían vivir holgadamente.

Todo parecía ir bien hasta que las diferencias entre la pareja empiezan a convertir su vida en un pequeño infierno. Hasta aquí todo normal, incluso el infierno en las relaciones que no van bien.

Alberto quería seguir con su matrimonio, sobre todo, porque sus hijos eran pequeños. Ella no quería seguir, pero, sobre todo, quería marcharse con todo.

Así que un buen día lo acusó de maltrato. La policía lo detuvo delante de sus hijos y lo llevó a declarar. En el juicio lo absolvieron, pero el empezó un periplo cada vez más kafkiano e insoportable.

Periplo que os quiero contar, mañana me pongo a ello....

sábado, 4 de diciembre de 2010

Inteligencia Emocional y familia desestructurada

Preguntas de diciembre
He encontrado este titular en la prensa online: "El universitario perfecto que se rifan las empresas españolas" "Los reclutadores de nuestro país pasan de los empollones y buscan titulados que hayan aprovechado sus años de estudio para adquirir sus primeras experiencias laborales, hábiles para trabajar bien en equipo, flexibles, y con capacidad de adaptación y de aprendizaje."

Esto me lleva directamente a la tan traida y llevada inteligencia emocional. En realidad no es nuevo este titular, desde hace unos años se demandan cursos de inteligencia emocional, se escriben libros, recetas, ejercicios... En realidad, esto es una moda o una necesidad.
El fin de la empresa es generar beneficios. Si la empresa se interesa en la inteligencia emocional de sus empleados y directivos es porque eso le va a reportar mayores ingresos, o menores gastos, estaremos todos de acuerdo. Mejor clima laboral, menos bajas, evitar agendas ocultas, juegos de poder ocultos, actitudes de agresividad o pasivas agresivas, etc. Todo ello generaría una sinergia multiplicadora de producción y beneficios.
¿Un mundo feliz?
Volviendo al titular que inspira este artículo, analizando el mensaje me atrevo a inferir o sospechar algunas conclusiones. "Titulados que hayan aprovechado sus años de estudio para adquirir sus primeras experiencias laborales". Si se refiere el artículo a España, que es el caso, aunque "a saber" puesto que no lo explicita, pero partiendo de esta hipótesis puesto que el autor es español, titulados españoles que se hayan financiado su carrera (esto es muy normal en otros países, en España no), entonces nos encontraríamos con un perfil muy concreto que sigo sospechando:
Padres pobres o con dificultades económicas (divorcios, fracasos económicos,enfermedades etc)
Hijos rebeldes (rompen con la dependencia familiar por rebeldía)

En cualquier caso son personas que se independizan en su adolescencia y que asumen su autonomía.

Por una parte esto rompe con un prejucio sostenido por algunos. Veamos, familias desestructuradas, busco su definición y encuentro:
  • Una familia se puede considerar desestructurada cuando esta formada por un solo padre. (Sea por decisión propia, por irresponsabilidad paternal o por orfandad)
  • La que a pesar de la familia convivir todos juntos bajo mismo techo, en esta existe un ambiente de confrontación franco y total entre padre y madre, hermanos entre si y padres e hijos.
  • Cuando los hijos viven con tutores que no son sus padres.
Si esto es así, estos hijos que han tenido que autofinanciarse la mayoría procederían de una familia desestructurada (Suposición-hipótesis-conclusión).
Si hasta ahora se ha considerado que los hijos de familias desestructuradas tienen al fracaso social y psicológico como consecuencia de ello, cómo cuadra esta noticia con este análisis.

¿Podríamos deducir de ello que una familia estructurada, da lugar a universitarios dependientes de sus padres que se dedican a estudiar y a sacar buenas notas pero que luego son incapaces de enfrentarse a los conflictos del día a día. O si lo hacen proyectan en sus relaciones laborales la simbiosis que forjaron con sus padres, haciéndo de ellos unas rémoras en las empresas?


¿Podríamos deducir también que los hijos de familias desestructuradas son los que aprenden antes a relacionarse con los demás, a empatizar, a ser flexibles y adaptarse a todo tipo de circunstancias?.

¿Y por qué entonces se esgrime, desde los púlpitos de los defensores de la familia tradicional, que todo el mal y la perversión actual viene por la desestructuración de la familia? ¿No sería al contrario, si mis suposiciones, inferencias e hipótesis son ciertas?.


Y si todo esto es así, ¿debería, entonces, la sociedad quitar a los padres ese poder de sobreprotección, a partir de una edad, y que se aprenda en la educación reglada desde pequeños del sentido de la vida, del autoconocimiento, la autoestima y el respeto a los demás, para que las personas piensen con sentido común o con libertad, con capacidad y responsabilidad para luchar por un mundo mejor y a los dieciocho años, como en Suecia, los jóvenes trabajen para pagar sus estudios al Estado?

¿O no interesa? ¿Y por qué?