jueves, 23 de junio de 2011

El amor no tiene porque doler



Un libro en el que se plantea la situacion general de victima y victimario dentro de una relacion destructiva. No busca encontrar culpables. Intenta ubicar la problematica y despertar conciencias. Pretende permitir al lector la detección de una relación así y abre posibilidades a terminar con ella y sanar, ya que plantea que quien es victima en esta clase de relación, volverá a caer en situaciones similares si no trabaja en su propia autoestima y confianza.
Esta enfocado principalmente a relaciones de noviazgo adolescente, pero en realidad aplica para cualquier edad y cualquier tipo de relacion (no forzosamente hombre mujer, ni forzosamente de pareja). Tristemente las relaciones destructivas existen en la vida cotidiana: entre padres e hijos, entre amigos y entre parejas.
El inconveniente de este libro es que es muy cortito. Pero es una ventaja al mismo tiempo pues te lo lees casi de una sentada y te deja la mente trabajando y avida de buscar mas información.

martes, 21 de junio de 2011

Cambiar todo para que nada cambie o el mapa no es el territorio



David Icke, expone ante estudiantes de la Universidad de Oxford sus puntos de vista sobre política y sociedad, la cual se dirige hacia un centro de control en manos de una dictadura mundial fascista.


“Cambiar todo para que nada cambie”


Otro argumentación bien estructurada al hilo de la de Icke, de Michel Husson:


“Cambiar todo para que nada cambie”, la famosa fórmula podría servir de divisa a los gobiernos europeos. Sus críticas del sistema financiero y sus fanfarronadas sobre la regulación dibujan una verdadera economía política del simulacro. Los hechos están ahí: la inyección de dinero público en los bancos no ha ido acompañada de ninguna medida de control; los planes de relanzamiento son calculados de forma limitada y no beneficiarán a quienes tendrían más necesidad de ellos; la puesta en cuestión de las “primas” de los directivos de las grandes empresas sigue siendo cosmética y dispensa de abordar la cuestión mucho más amplia del reparto de las rentas.


La intención es tratar la crisis al nivel mínimo esperando que las cosas puedan volver a marchar como antes de 2007. Pero esto sencillamente no es posible. La primera razón es que las medidas tomadas no bastarán para intervenir el sistema bancario y financiero. Para esperar hacerlo, habría que nacionalizar y revisar todo en profundidad, como reconoce The Economist que se ha unido a esta opción “desgraciadamente inevitable”

1. El modelo estadounidense basado en el sobreendeudamiento de las familias no puede manifiestamente volver a funcionar igual que antes y se ve con dificultades las soluciones de recambio disponibles, sin poner en cuestión de forma fundamental las desigualdades sociales. A nivel mundial, pesa la mayor incertidumbre sobre la trayectoria del dólar, sobre la amplitud y la financiación del déficit estadounidense y sobre la capacidad –y la voluntad- del resto del mundo de financiar el crecimiento estadounidense. En fin, Europa está “implosionando” como entidad económica

2. A pesar de todo, los gobiernos preparan el golpe de después. Según las últimas previsiones de la OCDE

3, la zona euro debería terminar el año 2010 con una tasa de paro cercana al 12% y un déficit presupuestario medio del 7% del PIB. Para volver a la situación normal, será preciso primero retomar el curso interrumpido de las reformas del mercado de trabajo. La OCDE insiste sobre este punto: habrá que asegurarse de “que las medidas puestas en marcha para hacer frente a la crisis pero que pueden tener consecuencias perjudiciales a largo plazo sean retiradas de forma ordenada”. Habrá luego que reabsorber los déficits públicos haciendo recortes de nuevo en los presupuestos sociales, lo que da por ejemplo: “para ayudar a las personas en dificultades, ciertos países han extendido la duración y los niveles de la protección social. Si una tal acción es comprensible en las circunstancias actuales, esas medidas deberán ser reducidas cuando la actividad se recupere”.


Esta vuelta a la normalidad está fuera de alcance. Un cierto número de sectores van sin duda a recuperarse y los periodistas se han armado ya de lupas para discernir el menor temblor. Los planes de relanzamiento van a dar esperanzas pero la perspectiva general es sombría: no se volverá a las tasas de crecimiento de antes de la crisis y la tasa de paro se estabilizará a un nivel elevado. El capitalismo entra en un callejón sin salida, porque no puede restablecer el modelo neoliberal en todo su esplendor, y porque no quiere poner en pie una especie de neofordismo basado en una progresión más regular de la demanda interna y en un reparto menos desigual de las rentas.


Hay pues que prepararse para un largo período de indecisión y de enfrentamientos. Nada es más peligroso que una bestia salvaje herida. Hay pues que esperar una violencia social renovada por parte de las clases dominantes con el objetivo de defender sus privilegios sociales. Se apoyará si es necesario en posiciones reaccionarias de repliegue nacionalista. Del lado de las y los trabajadores, la defensa de las condiciones de existencia inmediatas puede permitir dar cuerpo a un proyecto de transformación social confrontado a tres enormes desafíos: establecer la correlación de fuerzas necesaria para controlar la actividad de los capitalistas; liberarse de la coacción de la mundialización sin hundirse en las ilusiones soberanistas; tener como objetivo prioritario el bienestar social y romper con la religión del crecimiento.


Politis nº 1049, abril 2009


jueves, 13 de enero de 2011

Razones que dan las personas para permanecer en situación de abuso o maltrato

"¿Por qué los adultos permanecen en relaciones abusivas?" También es algo complejo de entender. Las paraejas con relaciones abusivas tienen diferentes razones para permanecer en ellos.

Una primera  serie de  razones para permanecer en una relación abusiva son  prácticas, aunque no  siempre racionales. Algunas personas maltratadas sienten que no pueden salir de sus relaciones, ya que dependen económicamente de ellos. Por ejemplo, un maltratada  madre puede sentir que ella no puede salir de su relación abusiva, porque si lo hace, no tendría forma de proveer para sus hijos.

Otras personas abusadas pueden quedarse porque creen lo correcto, lo que se debe hacer, habida cuenta de sus antecedentes religiosos o culturales. Algunas personas católico practicante, por ejemplo, creen que el divorcio es una cosa mala que hay que evitar en la mayoría de los casos. Estarán más motivados a aguantar hasta límites increíbles el abuso conyugal, porque la alternativa es ir en contra de las enseñanzas de su iglesia/padres/valores/etc.

Sin embargo, otros pueden racionalizar permanecer en relaciones abusivas porque piensan que es lo que hay que hacer por el desarrollo y bienestar de sus hijos. Se pueden  decir a sí mismos, "si sólo se tratara de mí, me iría de este matrimonio, pero mis hijos será mejor que tengan un hogar intacto que  no soportar la incertidumbre de un divorcio". A pesar de que en todos los caso no sea esta una posición racional, puesto que para los hijos la convivencia con el maltrato puede ser muchísimo más perjudicial para su desarrollo.

Sin embargo, independientemente de la verdad de cualquiera de estos razonamientos, el creer que ella crea que es  verdad es más poderoso que el que sea o  no verdad para los demás.

Una segunda serie de razones de por qué las personas permanecen en relaciones abusivas es debido al llamado "ciclo de abuso". El abuso, al igual que otros procesos y patologías, tienen diferentes fases o etapas.  Comienza con la acumulación de tensiones que desata un episodio de abuso específico y culmina con las disculpas o las justificaciones.  Al cabo de determinado tiempo se olvida el incidente, hasta que nuevamente comienzan a acumularse tensiones y ocurre otro episodio de abuso. En un caso típico de abuso doméstico el abuso tiende a presentarse periódicamente (en función del ciclo), en lugar de constantemente (todo el tiempo). No hay principio claro para el ciclo de abuso, pero con objeto de describirlo de alguna manera concreta, podemos empezar por una fase arbitraria. Algo sucede, ya sea real o imaginado por el abusador o maltratador, que genera sentimientos de ira e incluso rabia. Estos sentimientos dan lugar a la segunda fase del ciclo, que es donde el comportamiento abusivo real ocurre. Tal comportamiento puede ser verbal, físico, emocional o psicológico, o sexual (Descalificada, degradada, insultada, golpeada, ignorada).. Si el ciclo se detuviera aquí, para la victima sería muy fácil salir de ello. Sin embargo, poco después de los hechos abusivos ocurran, el abusador frecuentemente expresa remordimiento o culpa y quiere disculparse. El abusador se jura, "Nunca volverá a suceder" y puede llenar a la víctima de regalos y exigir que lo perdone. Puede acabar con un "sexo maquillaje", que puede ser muy placentero y proporcionar a la víctima la sensación de que él o ella le valora, y le ama de verdad.

Inevitablemente, en las relaciones verdaderamente abusivas, el período de latencia termina con el comienzo de otro episodio de abuso, el abusador se siente más enojado, con falta de respeto o tratado mal de alguna manera y el ciclo comienza de nuevo.

Aunque el abuso es cíclico, es repetitivo y previsible, también es intermitente, y el resto de la relación podría ser percibida como buena o suficiente. En este contexto, las víctimas suelen racionalizar que en realidad no son víctimas de abuso, que su pareja realmente los ama a pesar de ser abusivo (tener mal carácter) y que no es malo, que el abuso no es realmente tan malo, y otras declaraciones similares. Las víctimas empiezan a generar excusas para justificar a su agresor, a pensar en cada episodio de abuso como "un error de interpretación " (incluso cuando no lo es), y centrarse en los aspectos positivos de la relación (en particular más en las cosas positivas que en la culpa / fase de latencia del ciclo de abuso) y convencerse de que la relación es muy buena y que todo el mundo tiene algunos problemas en una relación, es decir, “mi pareja- termina creyendo- de vez en cuando pierde su temperamento cuando ha tenido problemas en el trabajo, con un compañero, etc. o para aquellas con muy baja autoestima, las racionalizaciones pueden ser pensamientos tales como "No merezco algo mejor" o "esta es la mejor relación que puedo conseguir en mi vida."

Las víctimas  con baja autoestima pueden tener cantidad de creencias como creer que van a estar solas para siempre si se marchan.  Creer que ellas son el problema y que sólo escogerían a otra pareja abusiva de todos modos ¿por qué no quedarse con éste? Pueden creer que no merecen nada mejor que ser golpeada o violada regularmente. Los abusadores pueden reforzar la falta de autoestima diciendo que el abuso es normal, que están exagerando, etc. esto las mantiene paralizadas y dispuestas a aceptar algo que no es más que "lo suficientemente bueno”

Las víctimas que tratan de romper con parejas abusivas pueden encontrar que el abuso se intensifica a proporciones peligrosas. Las parejas abusivas pueden acechar a las víctimas que tratan de escapar o salir del maltrato, golpearlas severamente, o tratar de controlar su capacidad para salir de la relación. También amenazar con matar o lastimar a la víctima o a los hijos, puede amenazar con hacerse daño, con el suicidio para inducir a la victima sentir compasión  ellos y luego quedarse para prevenir el suicidio.

La combinación del déficit interno de autoestima, abuso real intermitente, sexo maquillaje o la atención de otros positivos obtenidos a raíz de los episodios de abuso, y la escalada de amenazas cuando la víctima intenta huir es suficiente para convencer a muchas víctimas a quedarse. Cada vez que una víctima perdona a un abusador, abusador que se ve reforzada por ser abusivo, y se vuelve mucho más probable que el abusador será abusiva en el futuro. El efecto neto es que el abuso tiende a continuar por siempre hasta que la víctima encuentra el coraje para salir o acaba con la muerte ( el homicidio, en el más grave de los casos de violencia). 



El Ciclo del Abuso




No te quedes después del primer maltrato, di No y vete sin mirar atrás.




lunes, 3 de enero de 2011

Maltrato en la pareja y doble vínculo

¿Por qué aguanta la victima? ¿Por qué no es consciente de la constante agresión que está sufriendo? ¿Por qué queda atrapada tanto tiempo en el maltrato, cuando lo razonable es pensar que una persona sana rechazaría inmediatamente ser maltratada por alguien que dice quererle?

Creo que esta es una de las preguntas que todos nos hacemos ante las noticias del maltrato. Incluso cuando hemos estado sometido a este, después de éste, la primera pregunta al tomar consciencia del maltrato es esta: ¿por qué aguanté esto? ¿por qué no me di cuenta inmediatamente? La respuesta no llega, o las que llegan siempre se refieren al maltratador o maltratadora: Creí que cambiaría, creí que necesitaba mi ayuda para superar su estado, me decía que…., me suplicaba…, me presionaba con…, en fin, miles de justificaciones para poder entender lo imposible, para poder aceptar lo inaceptable.

Y es que el que ha pasado por una experiencia de mayor o menor grado de maltrato psicológico sabe de su constante confusión. De su necesidad  cada vez más obsesiva de comprender por qué ocurre lo que ocurre (qué disparate, como si el comprender esto ayudara a la victima a algo),  de justificar el baile de la yenca (adelante, adelante, atrás, atrás) al que se está sometiendo, como dice un buen amigo, o la caña de pescar (suelto y recojo) que dice otro.

El/la que lo ha experimentado como victima recuerda su necesidad de intentar solucionar un problema que, en principio creía que estaba en el otr@, descubriéndo finalmente y con dolor que el único que tenía un problema era el/ella al aceptar permanecer junto al maltratador psicológico, problema que irá acrecentándose cuanto más se involucre en “ayudar al otr@” a controlar su ira, pena, frustración o cualquier otra cosa que le cuente para justificar su actitud patológica.

Porque eso sí, la victima siempre cree que puede ayudar a su “amor” a dejar de sufrir tanto, porque cree que es “ese sufrimiento” el responsable del maltrato, no la persona.

Las excusa que pone la victimaria maltratadora para justificar sus salidas de tono, actuaciones sorprendentes, violentas, crueles, absurdas o nada empáticas son muy variadas y tan rocambolescas como crean serán ser aceptadas por la victima.

En esto la victima es la primera en ofrecer la pista que permitirá justificarse y provocar el doble vínculo en la relación. Por ejemplo, imaginemos una pareja, ella está en casa leyendo. El llega a casa, ella interrumpe su lectura y le saluda, él apenas contesta y tiene un no verbal tenso y distante. Aquí empieza el juego:

-Cariño, qué te pasa. Dice ella.


Él no contesta.


Ella imagina que él necesita estar en silencio y opta por esperar a que el necesite hablar.


Él es posible que después de un tiempo empieze a hablar de algún problema (siempre de algo ajeno a él que le molesta: su madre, su empresa, su trabajo, su compañero, el gobierno, la vecina del cuarto, el banco, etc.).


Ella puede empezar buscar soluciones a ese conflicto, por ejemplo, o simplemente decir: ¿Qué crees que podrías hacer para evitar sentirte así la próxima vez?
El puede empezar a gritarle a ella, o a iniciar con ella un ataque frontal:


-Eres como ella/el. Dejarme en paz. Eres imbécil, etc.


Ante los insultos, quizá ella opte por hacer “extinción de conducta” y hacer como que no ha oído ni pasado nada. Decide callar y seguir con lo que estaba haciendo, hasta que se le pase la ira.


Él henchido por la ira, le quita el libro y la obliga a seguir escuchando sus improperios y su “dolor”.

Si ella se mantiene en su postura de no querer seguir hablando mientras el se muestre violento y mantiene una posición asertiva, por ejemplo:
Veo que estás muy enfadado, me siento mal cuando gritas y me insultas, no voy a seguir hablando en estos momentos, cuando estemos más tranquilos lo hablamos.
Esto para el maltratador/a es un límite imperdonable, lo ha de romper como sea, jamás lo respetará. Y no podrá permitir que seas tú la que decidas cuando se habla o no se habla (lucha de poder).

Cambiará el rol y seguramente romperá a llorar (poder por abajo). Se desmoronará (interpretará el desmoronamiento) y apelará con todas sus fuerzas a su amor por ti, a su necesidad de ti, a que es una victima del momento, situación, deudas, etc, etc. y que SOLO TÚ, le puedes ayudar. Ahí ya tenemos el lazo echado. Si la primera vez que ocurre esto le decimos que sí, que le vamos a ayudar, hemos caído como moscas en su trampa de miel.

Desde luego la siguiente, volverá a llegar, intentará otras tácticas, justificaciones y excusas y cuanto más firme seas con él, más explicaciones le pidas y más dispuesta/o estés a cambiar “junto a él/ella” esta situación (intolerable para ti y de la que él se hace victima principal), más poder sentirá sobre ti y mucho más desprecio.

Efectivamente el Análisis Transaccional diría que nos hemos metido de lleno en un juego de  Perseguidor, Salvador y de Victima. Con la paradoja de que el/la “victimario/a” “se atribuye” el papel de la victima de su propio maltrato “al otro”.

El proceso sería, el/ella empieza como PERSEGUIDOR , la pareja de siente VICTIMA (es victima real, lo es de los insultos, gritos o golpes del otro, ), pretende cortar esa situación (protegerse), para lo cual PERSIGUE (lo ignora, le pide que cambie de tono o le reprocha su conducta, etc.), el agresor entonces pasa a VICTIMA y hace a la pareja (la verdadera victima) responsable de su SALVACIÓN. Ella/el lo acepta el papel de SALVADOR y sigue y suma el juego.

O dicho en prosa de toda la vida, cómo la victima real necesita comprender qué ocurre, porque debemos de considerar que el/ella dan por supuesto que el otro los ama y que “deben desear” que esto no ocurra,  le pregunta directamente:

-Cariño, no puedo soportar más esto. ¿Cuéntame lo que te pasa, tenemos que acabar con esta situación? o si es más asertiva le dirá: No lo voy a tolerar más, quiero terminar esta relación.

Entonces de nuevo el recurrirá a todos sus encantos de victima inocente, que necesita ser comprendido y apoyado y que sobre todo nos quiere y nos reprocha que nos comportemos de esa manera tan dura con ellos y nos suplica compasión.

A partir de ahí, ya todos, podemos imaginar como termina la cosa, habrán sus grados, pero estos estarán en una horquilla desde absurda, angustiosa y dolorosa hasta criminal.

Vamos a asociar este proceso con el Doble Vínculo de Bateson.
Este término "doble vínculo", fue desarrollado por primera vez por Gregory Bateson y colaboradores en el año 1956, como una hipótesis explicativa del fenómeno interaccional que se observa en la comunicación esquizofrénica.

Expone en su trabajo un análisis de los problemas de las relaciones adecuadas a contradicciones en la información que se dan en la comunicación entre madre e hijo como también analiza el flujo de la información, la interacción y la retroalimentación comunicativa en dicha relación. 

Así aprendemos, gracias a la información que recibimos. Desde que nacemos, los seres humanos intercambiamos información con el mundo que nos rodea y 'organizamos', por decirlo de algún modo, nuestras percepciones, nuestro mapa, de acuerdo a la información que recibimos. Al relacionarnos, no sólo intercambiamos información acerca de cómo vemos el mundo y de cómo nos vemos a nosotros mismos, sino, también, solicitamos información acerca de cómo nos ve el otro.

Esto es de vital importancia para cada uno, para construir su autopercepción y percatación, además de marcar las pautas, patrones, modos o formas de conducirnos con cada quien.

Gregory Bateson plantea que estas pautas se aprenden y que nuestro aprendizaje se va organizando en grados de mayor complejidad.

Cuando en un intercambio de información se produce una comunicación defectuosa que deja sumido al receptor en un estado de incertidumbre o falsa comprensión respecto a qué clase de mensaje es ese mensaje, se ha producido una confusión. Existe peligro de confusión dondequiera sea preciso traducir el sentido y la significación de una cosa de un lenguaje a otro. Los seres humanos estamos especialmente propensos a incurrir en estos 'errores' dado que para comunicarnos empleamos no sólo palabras, sino también movimientos corporales.

Y volvemos a nuestra pareja, la victima del maltrato psicológico entra en confusión. Me dice que me quiere, se comporta como si no me quisiera. Si acepto lo que me dice pero no lo siento, pierdo. Si no lo acepto y le expreso lo que siento en cuanto a lo que hace, y rechazo lo que me dice, me tachará de no quererle, de no apoyarle, de desconfiada, de cruel, de no querer salvar la relación tan magnífica que podríamos tener, etc. etc. etc.

Es decir, como en el doble vínculo siempre perdemos.

Claro, es que el maltratad@r conoce o intuye perfectamente cómo manipular y cómo funciona el ser humano. Por lo general, solemos salvar una confusión pidiendo a nuestro interlocutor que aclare lo que nos ha dicho o nos ha mostrado, es decir, hablamos de nuestra relación con el otro, de lo que nos confunde; en una palabra: metacomunicamos y, si es intolerable la situación, solemos abandonar el campo.

Pero, cuando la confusión tiende a 'bloquear'  la acción (¿qué puedo hacer? Si es mi pareja no puedo salir corriendo al primer conflicto, me han educado para que luche por una relación estable), el pensamiento (¿Qué pienso yo y que piensa el/ella, no coincide?)  y el sentimiento (¿Qué siento y que me está exigiendo el otro/a que sienta? ) Y cómo resulta imposible pedir aclaración sobre la confusión o abandonar la interacción, estamos frente a un "doble vínculo".

El/la maltratad@r nunca nos dejará abandonar la interacción, hasta que el/ella lo decidan. Es otra forma de control. Ellos/ellas lo podrán hacer con toda tranquilidad en cualquier momento.

Bateson dice que para que se pueda dar doble vínculo es necesario:

a) una relación muy significativa entre dos o más personas (en este caso pareja);
b) una experiencia repetida de doble mensaje o "doble vínculo”;
c) un mandato primario negativo del tipo "no hagas eso o te castigaré" o "si no haces eso te castigaré”; en el caso que analizamos, “te insulto porque me molestas y quiero que te alejes (te castigaré)”

Un mandato secundario que está en conflicto con el primero en un nivel más abstracto y, que al igual que el primero, está reforzado por castigos o señales que anuncian un peligro para la supervivencia. Por lo general, se trata de mensajes no-verbales que contradicen la prohibición primaria, tales como, por ejemplo, un gesto que muestra "no consideres esto un castigo", o "no me veas como alguien que te castiga". O, verbalmente es contradicho el primer mandato diciendo, por ejemplo, “si te alejas eres cruel y despiadada me traicionas y abandonas (te castigaré)”

e) un mandato negativo terciario que prohibe a la "víctima real" escapar del campo
f) luego, la persona aprende a percibir su universo bajo patrones de doble vínculo y ya no es necesario que se den secuencialmente todos los pasos, sino que casi cualquier parte de la secuencia de doble vínculo puede resultar suficiente para precipitar el miedo o la furia.

“No me has besado esta mañana y necesito que me expreses tu amor al despertar” dice un día el matratador después pasar todo el día sin hablar e ignorando a la pareja e incluso evitándola. Cuando esta le pregunta finalmente que le pasa, este contesta con el mensaje secundario. En realidad la paradoja es: yo estoy castigándote porque necesito que tu sientas la necesidad de darme un beso por las mañanas para que yo esté contento.

De esa manera cierra el doble vínculo. Si la pareja pretende cumplir el mandato de besarle por la mañana, al ser un mandato, lo hará con un sentimiento de obligación y no de deseo que le hará sentir repugnancia y malestar. Si no lo cumple sabe que volverá a ser castigada de nuevo por la misma razón.

Otra vez volvemos a estar atrapados en la trampa psicológica destructiva.

Castañeda (2002) señala que el doble vínculo tiene consecuencias graves en cualquier relación pues la persona atrapada nunca entiende qué es lo que realmente la otra persona exige de ella y esto la lleva a dudar de sí misma. Así, el doble vínculo es una forma de descalificación permanente pues el mensaje implícito es: “hagas lo que hagas, siempre estarás equivocada”.

Como puede notarse, el doble vínculo lleva a la imposibilidad de solucionar los problemas puesto que éstos nunca quedan planteados claramente. Por lo general, la persona atrapada tiende a buscar indicios, inherentes a la situación, que la lleven a la solución. No obstante, sólo se desespera porque no los va a encontrar, haciendo su búsqueda interminable.

La única manera de poder salir de ahí es buscando ayuda. Alguien que ponga en aviso a saque del bloqueo al atrapado y  ponga en evidencia las peticiones contradictorias señalando lo imposibles que son y que invite a abandonar el campo cuando estas se produzcan.

Seguiré analizando el doble vínculo en la pareja, con otros dobles vínculos más sutiles o burdos. Si con ello alguien puede identificarse como victimario o como victima y le anima a reaprender a comunicar y/o relacionarse de forma sana, me sentiré enormemente recompensada.

¿Podríais aportar vuestra experiencia?

Agradeceré aportaciones de los lectores en este sentido. Construir un mundo mejor es tarea de todos.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Mi amigo o el hombre maltratado y la alienación parental

Los que me conocen saben que soy una firme defensora del NO al maltrato de género. Es verdad que por mi condición de mujer he visto más de cerca el maltrato de mi género. Desde pequeña he visto anormal, no lógico y opresivo el rol que se le designaba a la mujer, un ser destinado a cumplir las expectativas sociales, familiares y del cabeza de familia. Desde luego esto la podía mantener, alimentada y protegida de su propio albedrío y sin desarrollar sus capacidades de persona libre(como a los esclavos) o arrojada fuera del sistema familiar (si era repudiada por no someterse) como los parias, señalada por unas y por otros.

Mujeres abandonadas a su suerte, con sus hijos encima y sin oficio ni beneficio que vivían rebañando los trabajos más precarios y haciendo jornadas interminables de cuidado a la familia (padres, hermanos, hijos, abuelos y todos aquellos que necesitaban ser cuidados).

Mujeres encerradas en sus casas que tenían que dar explicaciones al marido de dónde iban, con quién, para qué y cuando. Sin contrapartida, imposibilitadas de pedir la misma información al contrario, salvo que quisieran oir "a tí que te importa".

Mujeres apaleadas, que les pegaban "lo normal", ajadas por el dolor y la rabia reprimida, entregadas a la manipulación oculta para no sentirse invisibles, denostadas y muertas.

Mujeres que después de las agresiones psicológicas o físicas del marido como desahogo psíquico corrían a contárselo a las vecinas, amigas, madres o allegadas, cual juego de "el mio es peor" o "yo tengo que aguantar más", para acabar estoicamente con la frase de "cada uno tiene su cruz".


Pues si, todo eso es cierto, lo he visto, lo he oído, lo he sentido. Me ha asqueado.

Después la vida me ha permitido también descubrir el otro lado, a las otras victimas de la violencia de género, doméstica, de los roles rígidos e inhumanos.

Mi amigo, le llamaré Alberto, tiene la cincuentena. Lo conocí en mi época de estudiante, de vista, quizás coincidimos en alguna fiesta estudiantil. Lo volví a encontrar al cabo de 25 años, de casualidad.

Alberto se había casado dos veces, la primera duró poco y no hubieron hijos, como no había nada que repartir la separación fue más o menos fácil.

Su segundo matrimonio fue más productivo. Tuvo tres hijos, tres casas y sus ingresos le permitían vivir holgadamente.

Todo parecía ir bien hasta que las diferencias entre la pareja empiezan a convertir su vida en un pequeño infierno. Hasta aquí todo normal, incluso el infierno en las relaciones que no van bien.

Alberto quería seguir con su matrimonio, sobre todo, porque sus hijos eran pequeños. Ella no quería seguir, pero, sobre todo, quería marcharse con todo.

Así que un buen día lo acusó de maltrato. La policía lo detuvo delante de sus hijos y lo llevó a declarar. En el juicio lo absolvieron, pero el empezó un periplo cada vez más kafkiano e insoportable.

Periplo que os quiero contar, mañana me pongo a ello....

sábado, 4 de diciembre de 2010

Inteligencia Emocional y familia desestructurada

Preguntas de diciembre
He encontrado este titular en la prensa online: "El universitario perfecto que se rifan las empresas españolas" "Los reclutadores de nuestro país pasan de los empollones y buscan titulados que hayan aprovechado sus años de estudio para adquirir sus primeras experiencias laborales, hábiles para trabajar bien en equipo, flexibles, y con capacidad de adaptación y de aprendizaje."

Esto me lleva directamente a la tan traida y llevada inteligencia emocional. En realidad no es nuevo este titular, desde hace unos años se demandan cursos de inteligencia emocional, se escriben libros, recetas, ejercicios... En realidad, esto es una moda o una necesidad.
El fin de la empresa es generar beneficios. Si la empresa se interesa en la inteligencia emocional de sus empleados y directivos es porque eso le va a reportar mayores ingresos, o menores gastos, estaremos todos de acuerdo. Mejor clima laboral, menos bajas, evitar agendas ocultas, juegos de poder ocultos, actitudes de agresividad o pasivas agresivas, etc. Todo ello generaría una sinergia multiplicadora de producción y beneficios.
¿Un mundo feliz?
Volviendo al titular que inspira este artículo, analizando el mensaje me atrevo a inferir o sospechar algunas conclusiones. "Titulados que hayan aprovechado sus años de estudio para adquirir sus primeras experiencias laborales". Si se refiere el artículo a España, que es el caso, aunque "a saber" puesto que no lo explicita, pero partiendo de esta hipótesis puesto que el autor es español, titulados españoles que se hayan financiado su carrera (esto es muy normal en otros países, en España no), entonces nos encontraríamos con un perfil muy concreto que sigo sospechando:
Padres pobres o con dificultades económicas (divorcios, fracasos económicos,enfermedades etc)
Hijos rebeldes (rompen con la dependencia familiar por rebeldía)

En cualquier caso son personas que se independizan en su adolescencia y que asumen su autonomía.

Por una parte esto rompe con un prejucio sostenido por algunos. Veamos, familias desestructuradas, busco su definición y encuentro:
  • Una familia se puede considerar desestructurada cuando esta formada por un solo padre. (Sea por decisión propia, por irresponsabilidad paternal o por orfandad)
  • La que a pesar de la familia convivir todos juntos bajo mismo techo, en esta existe un ambiente de confrontación franco y total entre padre y madre, hermanos entre si y padres e hijos.
  • Cuando los hijos viven con tutores que no son sus padres.
Si esto es así, estos hijos que han tenido que autofinanciarse la mayoría procederían de una familia desestructurada (Suposición-hipótesis-conclusión).
Si hasta ahora se ha considerado que los hijos de familias desestructuradas tienen al fracaso social y psicológico como consecuencia de ello, cómo cuadra esta noticia con este análisis.

¿Podríamos deducir de ello que una familia estructurada, da lugar a universitarios dependientes de sus padres que se dedican a estudiar y a sacar buenas notas pero que luego son incapaces de enfrentarse a los conflictos del día a día. O si lo hacen proyectan en sus relaciones laborales la simbiosis que forjaron con sus padres, haciéndo de ellos unas rémoras en las empresas?


¿Podríamos deducir también que los hijos de familias desestructuradas son los que aprenden antes a relacionarse con los demás, a empatizar, a ser flexibles y adaptarse a todo tipo de circunstancias?.

¿Y por qué entonces se esgrime, desde los púlpitos de los defensores de la familia tradicional, que todo el mal y la perversión actual viene por la desestructuración de la familia? ¿No sería al contrario, si mis suposiciones, inferencias e hipótesis son ciertas?.


Y si todo esto es así, ¿debería, entonces, la sociedad quitar a los padres ese poder de sobreprotección, a partir de una edad, y que se aprenda en la educación reglada desde pequeños del sentido de la vida, del autoconocimiento, la autoestima y el respeto a los demás, para que las personas piensen con sentido común o con libertad, con capacidad y responsabilidad para luchar por un mundo mejor y a los dieciocho años, como en Suecia, los jóvenes trabajen para pagar sus estudios al Estado?

¿O no interesa? ¿Y por qué?

viernes, 22 de octubre de 2010

De aquellos lodos, estas lluvias

Hoy Zapatero ha planteado un cambio de su Gobierno casi sin precedentes, remodelando tanto a los ministros como a los Ministerios. Este cambio afectará a la vicepresidenta primera y portavoz del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, dejará su cargo a favor de Alfredo Pérez Rubalcaba.

No prentendo juzgar el hecho político. Quiero hacer un homenaje personal a María Teresa Fernandez de la Vega, como mujer, como profesional y como personaje público.

Como es habitual en mi experiencia hasta hoy , las mujeres que ocupan cargos "tradicionalmente" masculinos están sometidas a críticas, sarcásticas o maledicentes, por su condición de mujer: "que es tonta", "que viste bien o mal", "que vaya pelos lleva", "que si es marimacho", "que si solo sirve para...".

Críticas que para nada se harían a un hombre, del hombre se critica su ideología o sus capacidades, sin hacer referencia a nada mas.

Puede parecer un tópico, pero de Mª Teresa Fernandez de la Vega ha sido de las mujeres con cargo político de la que más he escuchado argumentos sexistas contra ella.

Para mi, sin embargo, ha sido un soplo de aire fresco, un simbolo de crecimiento y madurez de la mujer, un estímulo a la autonomía y valía personal de nuestro sexo y un referente de dignidad personal y coherencia.

Desde niña me preocupaba la diferencia de roles que veía en mi entorno. Los hombres hablaban de unas cosas, muy concretas, las mujeres de otras. Los espacios de la seriedad, el conocimiento, la reflexión, los grandes temas del mundo, la ciencia, la  filosofía y la política, entre otros, estaban reservados a ellos. A ellas, la moral de andar por casa, la familia y la logística del hogar, y en sus ratos de ocio, todos estos temas, pero referidos a sus vecinos, amigos o familiares. Es verdad, me decía yo a mi misma, intentado buscar una explicación, que yo nací en un pueblo y esto debería ser cosa de los pueblos, en el resto del País las cosas serían de otra manera.

De pequeña, en casa, a mi padre y a mi nos gustaba ver el programa de la 2  "La Clave" de Jose Luis Balbín. Magníficos debates. Siempre me han gustado el arte de la oratoria, escuchar las argumentaciones de unos y de otros, las objecciones, las contraobjeciones, cual vendedores de ideas, de razones. Distinguir los hechos de las emociones, detectar aspectos de las personalidades de los que confrontaban, el respeto, la prepotencia, la sutilidad, el saber escuchar o tonos y maneras de estar.

Empezé a sospechar que lo que yo veía en mi entorno eran reflejo de lo que existían fuera de él. Los debates eran siempre de hombres con sus trajes y corbatas. Cuando en algún momento, por el tema del mismo, se invitaba a una mujer, esta siempre tenía un tono emocional en pasivo (se dedicaba a sonreir y complacer ) o en agresivo (gritaba, se alteraba, interrumpía)  que rompía el arte de la oratoria. Hablaba poco o demasiado, denotaba una inseguridad y una emocionalidad que en los hombres existía.



A veces, muchas veces, me sentía avergonzada, eran como las nota chirriantes del concierto. Cómo cuando en el cine, todo el plan "del protagonísta" fallaba, porque la chica de la película se ponía histérica o entraba en el sitio en el que no tenía que entrar y entonces a él se le complicaban más las cosas y tenía que "encima" rescatarla a ella (todo el cine pensaba: "es tonta", "es tonta").

Me imagino que antes de María Teresa, han habido otras que han ido destruyendo aquella imagen patética, débil y ñoña de la mujer, algunos todavía reivindican esa imagen femenina, acusando de adoptar posiciones masculinas a las mujeres asertivas.

Recuerdo la serenidad y coherencia en los debates de Carmen Alborch, la seriedad y saber estar de Loyola de Palacio o el desparpajo y energía de Cristina Almeida, entre otras.

Cuando escuché por primera vez a María Teresa Fernandez de la Vega, la transporté mentalmente a unos de los sillones de Balbín. Ahora se cerraba aquél circulo, ahora, por fin, podía sentirme orgullosa de un género que ya no "tenía que aparentar ser", que "ya era" por derecho propio autónomo, solidario, maduro y capaz.

No es que yo creyera que antes no lo era, es que no parecía que lo fuera.

Gracias Mª Teresa por tu contribución a dignificar el constructo social sobre la mujer en esos roles que estaban vedados a los hombres. O por lo menos mi constructo.